Y a eso llamamos vivir
Hoy es un día de esos. Viernes. La compactera del computador central está para un jonrón, y mi clima dice que las bailarinas de la noche volvieron a casa gastadas y cansadas de tanto anís. Cosas del Verano Negro en una B.A. que se resiste a dejar de quererme; es que uno se acostumbra a los males y no puede dejarlos tan fácil. Al final terminan gustando; ya sabemos que después de los treinta...
Todo es relativo y la realidad es una construcción aparente. Soñar con Harleys no es ser un hot-rod de mil demonios, pero cuando en el sueño manejás envuelto en una armadura medieval dispuesto a perpetrar la noche más larga, el día mas estéril... entonces algo pasa, y este Viernes viene a ser un día de esos. Mucho anís en las chicas de la noche, mucho vodka colado en los pulmones de un psico-thriller cansado de deambular. Hoy es un día de esos. Un fucking día de esos.
Pero no. La corbata vuelve a ajustar con sus manías de seda. Y eso que es viernes cool y casual day. La movida de estas playas pasa por ciertos cartones deja-vù que empastan la mirada, cierran los oídos y turulecan las palabras que podrían salvarte. El cliente pone su carta sobre la mesa y eso es todo: jirones de personal corriendo tras la sonrisa sin mirada sostenida. La revolución quedó atrás, con la cara del Che flotando en la costilla izquierda de un Mike Tyson incapaz de llenar un miserable MGM. El cliente vuelve a la sonrisa cínica, seguro del funcionamiento del customer service.
Todo lo que necesito es un Jaguar V-12 convertible con turbo-booster y una chica a mis espaldas que me arañe la oreja mientras de frente pasa esa caravana interminable de gente gris. Y yo tan luminoso, subido a mi Jaguar V-12 con mi chica arañándome la oreja.
Me están molestando: ya conseguí ser un lago poco profundo con una capa de hielo encima, creo haber rendido la última materia, sabérmelas todas, haber leído el diario en el orden correcto. Pero siempre aparecen esas motos con sus luces prendidas, y mi chica las mira y entonces el mundo parece un lugar un tanto más hostil.
Compro otra corbata de Kenzo y las cosas están un poco mejor, mi chica sigue rascándome la oreja desde atrás y ya no me importa adonde mire. Creo que es mejor así. El viento molesta un poco, el frío de Atacama se acerca cuando cae el sol. Piedras.
(Chicas que arañan orejas sentadas en asientos de cuero. Para qué. Me bajo acá y elijo acodarme en la barra, de espaldas a la pista mientras un travesti me sirve ese otro vodka que ahoga mi mirada. Las chicas toman anís. No respondo a esa mano que araña mi oreja. Escucho merengue sin poder bailarlo; algo habré hecho).
Ya te dije: hoy es un día de esos: el botón del mouse está ready for this, con la flechita molesta raspando el delete. Pero sigo en la armadura medieval, con la rueda de adelante en el aire mientras el equilibrio se mantiene a pesar mío, como en un sueño. Quizás estemos hablando de eso, preocupándonos como si todo fuera algo más.
Después no quedan ideologías. Solo un recuerdo bastante deformado en la cabeza de algún otro que nos construye a su antojo, según pasan los años.
Y a eso le llamamos vivir.
Todo es relativo y la realidad es una construcción aparente. Soñar con Harleys no es ser un hot-rod de mil demonios, pero cuando en el sueño manejás envuelto en una armadura medieval dispuesto a perpetrar la noche más larga, el día mas estéril... entonces algo pasa, y este Viernes viene a ser un día de esos. Mucho anís en las chicas de la noche, mucho vodka colado en los pulmones de un psico-thriller cansado de deambular. Hoy es un día de esos. Un fucking día de esos.
Pero no. La corbata vuelve a ajustar con sus manías de seda. Y eso que es viernes cool y casual day. La movida de estas playas pasa por ciertos cartones deja-vù que empastan la mirada, cierran los oídos y turulecan las palabras que podrían salvarte. El cliente pone su carta sobre la mesa y eso es todo: jirones de personal corriendo tras la sonrisa sin mirada sostenida. La revolución quedó atrás, con la cara del Che flotando en la costilla izquierda de un Mike Tyson incapaz de llenar un miserable MGM. El cliente vuelve a la sonrisa cínica, seguro del funcionamiento del customer service.
Todo lo que necesito es un Jaguar V-12 convertible con turbo-booster y una chica a mis espaldas que me arañe la oreja mientras de frente pasa esa caravana interminable de gente gris. Y yo tan luminoso, subido a mi Jaguar V-12 con mi chica arañándome la oreja.
Me están molestando: ya conseguí ser un lago poco profundo con una capa de hielo encima, creo haber rendido la última materia, sabérmelas todas, haber leído el diario en el orden correcto. Pero siempre aparecen esas motos con sus luces prendidas, y mi chica las mira y entonces el mundo parece un lugar un tanto más hostil.
Compro otra corbata de Kenzo y las cosas están un poco mejor, mi chica sigue rascándome la oreja desde atrás y ya no me importa adonde mire. Creo que es mejor así. El viento molesta un poco, el frío de Atacama se acerca cuando cae el sol. Piedras.
(Chicas que arañan orejas sentadas en asientos de cuero. Para qué. Me bajo acá y elijo acodarme en la barra, de espaldas a la pista mientras un travesti me sirve ese otro vodka que ahoga mi mirada. Las chicas toman anís. No respondo a esa mano que araña mi oreja. Escucho merengue sin poder bailarlo; algo habré hecho).
Ya te dije: hoy es un día de esos: el botón del mouse está ready for this, con la flechita molesta raspando el delete. Pero sigo en la armadura medieval, con la rueda de adelante en el aire mientras el equilibrio se mantiene a pesar mío, como en un sueño. Quizás estemos hablando de eso, preocupándonos como si todo fuera algo más.
Después no quedan ideologías. Solo un recuerdo bastante deformado en la cabeza de algún otro que nos construye a su antojo, según pasan los años.
Y a eso le llamamos vivir.
